
… al que nos tienen acostumbrados los gobiernos socialistas. Pero el que estamos padeciendo ahora, tiene el añadido extra de llevar en la mochila un socio comunista. Y todos ellos tienen en común su terrible obsesión por dividir las Españas, según ellos entre ‘buenos y malos’, entre izquierdistas y fascistas, entre monárquicos y republicanos …
¿Hasta dónde quieren que nos remontemos? Podemos ir hasta Alcalá Zamora, el primer Presidente de la II República Española, político centrista que terminó claudicando ante los izquierdistas, vulnerando los principios constitucionales de no proponer Gobierno a Gil Robles, político de derechas y ganador de las elecciones. Sin embargo, se le propuso la formación de Gobierno a Lerroux, representante de la izquierda radical, con peor resultado electoral que el anterior. Alcalá Zamora fue traicionado y destituido de su cargo en el Congreso por los propios izquierdistas, a quienes había facilitado fraudulentamente la llegada al Poder. A continuación, caos total en las izquierdas españolas, en las figuras de Azaña, Quiroga, Largo Caballero, Indalecio, y el vergonzante Juan Negrín. Seguidamente, la Guerra Civil.
Siguiente episodio, Felipe González, quizás el más pragmático de todos ellos, pero salpicado por todos los escándalos habidos y por haber en sus sucesivos gobiernos de la Transición. El pueblo español le retiró su confianza, y si bien podía haber dedicado su jubilación a colaborar con una ONG, acabó siendo asesor de Carlos Slim, uno de los hombres más ricos del planeta. Es la gran obsesión de los mandatarios de izquierda, todos terminan ricos como nadie.
Después, para mayor desgracia de las Españas, llegó el turno de Zapatero. Se revive nuevamente la división entre los españoles, entre ‘buenos y malos’, y finaliza su segundo mandato con elecciones anticipadas por el caos económico que dejó su triste Presidencia. Casi nadie se quiere acordar de él, ni los propios socialistas. Su nuevo trabajo, embajador de Maduro.
Y ahora, el peor de todos. El gran Pedro I de España, cual Don Quijote luchando con molinos imaginarios, es decir, con una realidad que nadie ve como él. Pero este nuevo Don Quijote fue más allá y le arrebató el guion al propio Miguel de Cervantes para dárselo a Iván Redondo, y así finalizar la obra de manera muy distinta a como Cervantes tenía en su cabeza. El final aún está por escribir, pero los vaticinios no son nada buenos. Y todos los críticos literarios coinciden en la baja calidad narrativa de ésta segunda parte de la obra. Y no es de extrañar, dado que el protagonista principal ni siquiera fue capaz de escribir su propio libro.
Se acaba de aprobar un nuevo y vergonzante estado de alarma, durante el cual nos meterán un nuevo gol por toda la escuadra, vía Boletín Oficial del Estado. Alguna ruindad harán durante esta nueva quincena, pero quizás se les ocurra dejarnos salir por la noche, entre las 23 horas y las 6 de la mañana. Señores Sánchez e Iglesias, hasta dónde nos van a llevar?
La pérdida del PIB de España va a suponer, de momento, 117.000 millones de euros. Pero el coste total de los tests masivos para toda la población española habría costado alrededor de 200 millones de euros, una cantidad 500 veces inferior a la pérdida del PIB. De esa manera, se hubiesen puesto en cuarentena los casos positivos, y el resto del país abierto con toda la normalidad del mundo, haciendo posteriormente tests puntuales por sectores profesionales, por rango de edades o por lugar de ubicación. Y muchas vidas que ya no están, también se podrían haber salvado. El machismo no mata más que el coronavirus, la ausencia total de gestión si que mata más que cualquier guerra.
Mientras tanto, las hordas socio-comunistas dando batalla en las redes sociales, con todo el tiempo del mundo para defender a este nefasto gobierno, a esta nueva versión de Don Quijote y Sancho Panza. Ahora le ha tocado el turno a Rafa Nadal, por osar criticar la gestión que se ha hecho del coronavirus. Defender a estos líderes del desastre también se ha llevado por delante el consenso que todo el país siempre ha tenido con Rafa Nadal, el mejor deportista español de todos los tiempos y el mayor embajador que puede tener nuestro país. ¡Qué nos rescaten!
Tomás Rodríguez Concepción

